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GLOBALIZANTES VERSUS ANTIGLOBALIZANTES.

¿Nos debiéramos sorprender por la cadena de triunfos electorales de líderes inesperados a través del mundo?

La verdad es que no. Trump ha concentrado casi toda la atención, pero el fenómeno se había iniciado antes en otros lugares del mundo. En Europa fue el caso de Orban en Hungría, a lo que debiéramos agregar países como Austria, Polonia e Italia, donde están hoy en el gobierno. Duterte en Filipinas y recientemente Bolsonaro en Brasil. Por cierto, hay que empezar con el màs exitoso de todos: Putin en Rusia. La lista es larga como también el alza electoral de movimientos políticos similares en muchos lugares, incluyendo los muy liberales países escandinavos. Y ello sin contar, las victorias de nacionalistas en países como Japón o la India.

Quizás debiera agregarse también a China, que aunque es una dictadura, es nacionalismo unido a Confucio y un capitalismo mezcla de control estatal y ultracapitalismo, lo que hoy la define mejor que el marxismo-lenininismo.

A falta de una mejor racionalización se recurre a términos como “populismo” o “neo-fascismo”, lo que haría revolver el estómago de los profesores que tuve al hacer el doctorado en Inglaterra, ya que más que explicar algo, se han convertido en una acusación al voleo a todo lo que no nos gusta.

La verdad es que son líderes muy diversos, con programas distintos y con características personales muy diferentes. Lo que verdaderamente tienen en común en una actitud crítica de la globalización, lo que tiene sentido. En 1938 se le ofrecían al mundo, al menos el occidental, las alternativas del fascismo (el verdadero), el comunismo y el liberalismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, se vivió el Guerra Fría y la lucha por el control mundial entre dos potencias, una representando al comunismo y la otra a la democracia liberal.

Sin embargo, después del derrumbe de la Unión Soviética se vivió una etapa extraña en la historia mundial: una sola potencia conduciendo la nueva etapa histórica que se abrió y en la que todavía nos encontramos: la Globalización. Incluso, alguien como Fukuyama llegó a hablar del “fin de la historia”, ya que el mundo se había convertido en libremercadista en lo económico y en liberal, en lo político, lo cual entonces ni ahora era generalizable.

La Globalización avanzó y mucho, pero con una arquitectura de organizaciones internacionales que responden al siglo pasado y no a la actual era histórica. Es el caso de la ONU , tanto en lo político (Consejo de Seguridad) como en lo económico (Banco Mundial/Fondo Monetario Internacional) como también las organizaciones internacionales regionales (Unión Europea, OEA, similares), con países que representan a los ganadores de la 2ª Guerra y no a todas las actuales potencias, y sin el contrapeso de la guerra fría, al interior de estas organizaciones, se desarrolló una burocracia no electa, con una agenda propia a ser impuesta a otros países.

Por lo menos, en Europa es una reacción contra la burocracia de Bruselas lo que explica el triunfo -también inesperado- del Brexit.

Es en este contexto que surgen los triunfos electorales mencionados al principio y esta nueva camada de líderes. Son una reacción contra la imposición de un discurso llamado “de la corrección política”. Es también una expresión de la perdida de importancia de los medios tradicionales de comunicación, ya que todos los casos mencionados tuvieron al principio (salvo Putin) una total oposición y crítica de los medios más importantes y sus periodistas. Esa desconfianza se manifestó en las redes sociales como forma de comunicación directa de ellos con sus electores.

Por lo tanto, y como conclusión el denominador común de estos líderes es su crítica a la Globalización, poner a sus países primero en sus definiciones o al menos en la forma como ellos lo entienden, y un lenguaje poco usual en los políticos de no tener ningún cuidado en expresar sus opiniones por fuertes o ofensivas que parezcan.

Ese elemento, los hizo aparecer como contrarios a las elites, sean políticas, económicas o mediáticas, y sobre todo, como una alternativa antiglobalización ante el sistema hoy dominante.

En el fondo, como la política es selección entre alternativas, lo que estamos presenciando, guste o no, tiene sentido en términos históricos: una alternativa a la Globalización, cuando parecía que no la existía.

Ricardo Israel Zipper

@israelzipper

Abogado

Doctor en Ciencias Políticas

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