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Los hombres duros y su postura ante el dinero.

Imprimir billetes provoca, más que ninguna otra cosa, reacciones viscerales en contra desde la derecha

Pero aunque me mantengo en mis trece en cuanto a mi apreciación del fraude fiscal de la derecha, me tomaba en serio su línea dura monetaria. Creía que todas esas advertencias funestas sobre las consecuencias inflacionarias de los esfuerzos de la Reserva Federal para luchar contra el elevado desempleo, el constante matraqueo sobre los males de la impresión de dinero, se basaban en unas preocupaciones reales, estúpidas, pero reales.

Tonto de mí.

Los republicanos quieren dolor y sufrimiento cuando hay un presidente demócrata y una fiesta cuando ganan los suyos

No resulta sorprendente que el Individuo 1, que arremetía contra la Reserva por mantener los tipos de interés bajos cuando Barack Obama era presidente, exija que mantenga los tipos bajos ahora que está en la Casa Blanca. Después de todo, nadie ha acusado nunca a Donald Trump de tener opiniones coherentes y ejemplares sobre política monetaria (o cualquier otra cosa). Pero sí deja de piedra oír a tantas voces conservadoras —incluida, increíblemente, la página editorial de The Wall Street Journal— haciéndose eco de las exigencias de Trump.

Es difícil exagerar lo constantes e intensos que The Wall Street Journal y otros de ideas afines solían ser en sus ataques al dinero fácil. Muchos analistas han señalado que hace tres años ese diario declaró que los tipos de interés bajos eran malos para la economía.

Pero eso carecía de importancia en comparación con las declaraciones del periódico durante la crisis financiera. Por ejemplo, atacó y ridiculizó a Ben Bernanke por bajar los tipos de interés en diciembre de 2008, es decir, en una época en la que la economía estaba en caída libre y necesitaba desesperadamente toda la ayuda que pudiera conseguir.

Ahora bien, se podría decir que la explicación al cambio radical de la derecha en cuanto a la política monetaria es la misma que la de su cambio radical en cuanto a los déficits, es decir, los republicanos quieren dolor y sufrimiento cuando hay un presidente demócrata, y una fiesta continua cuando uno de los suyos ocupa la Casa Blanca. Y sin duda, esta es la impresión que da ahora. Pero yo pensaba antes que había algo más en esta historia.

Verán ustedes, como experto que, bueno, recibe muchos mensajes de odio, he aprendido que la cuestión de si a veces tiene sentido imprimir dinero provoca más reacciones viscerales en la derecha que cualquier otra. Si afirmas que Trump es una marioneta rusa corrupta, recibes unos cuantos ataques, pero nada comparado con lo que recibes si dices que volver al patrón oro sería una mala idea o que la relajación monetaria no es necesariamente inflacionaria.

Mucha gente de derechas se vuelve loca ante cualquier insinuación de que el dinero es algo que hay que gestionar y que no hay que tratarlo como algo sagrado en lo que los mortales no deben entrometerse. Lo único que sé que provoca ataques parecidos son las críticas al bitcoin, un tema en el que se mezcla un poco de esa misma estupidez libertaria con una gran cantidad de jerga técnica incomprensible. Y la reacción emocional de la derecha ante la política de la Reserva —su odio por usar la imprenta para estimular la economía, independientemente de las circunstancias— siempre me pareció verdadera.

Nunca pensé que a Paul Ryan le preocupase realmente el déficit, pero creía en su afirmación de que sus opiniones sobre la política monetaria se basaban en la denuncia del papel moneda como una forma de saqueo en La rebelión de Atlas de Ayn Rand. Es más, la opinión de que imprimir dinero siempre es algo horrible parecía extremadamente duradera, a pesar de su ininterrumpido historial de fallos en los pronósticos. La gente que advertía de la amenaza de la inflación en 2009 siguió advirtiéndonos sobre ella año tras año, a pesar de que siguiera sin materializarse. Luego Trump decidió presionar a la Reserva, y muchos de los hombres que antes mantenían una postura dura en cuanto al dinero se convirtieron en hombres favorables al dinero fácil de la noche a la mañana. Y lo digo más o menos literalmente. Pensemos en Kevin Warsh, un ex miembro del consejo directivo de la Reserva Federal al que durante un tiempo se le consideró un posible presidente de la Reserva. Hasta hace dos meses siempre estuvo a favor de unos tipos de interés más altos, pero esta semana escribió de repente un artículo de opinión en el que pedía a la Reserva que dejase de subir los tipos.

Por cierto, existe un argumento razonable (que acepto) según el cual la Reserva debería, sin duda, detener su campaña de subida de los tipos, e incluso que la subida de esta semana ha sido un error. Pero este argumento debería plantearse basándose en principios económicos fundamentales, no para tratar de conseguir un beneficio político, y menos aún porque es lo que Donald Trump quiere.Sin embargo, esto es lo que está pasando. Hoy en día, todo lo que hace el Partido Republicano está relacionado con el poder; no se atendrá a ningún principio si eso tiene algún coste político. Y es un partido que pertenece a Trump: lo que él dice es la línea del partido, en todos y cada uno de los temas. Resulta que el trumpismo arrolla a todo lo demás, incluso a Ayn Rand.

Paul Krugman.

Premio Nobel de Economía.

Diario El País de España.

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